MANTA
“La Ciudad más importante del Ecuador que no es capital de una provincia” es efectivamente una de las urbes más dinámicas del país.
Ciudad-puerto desde siempre, está situada en el recodo de una majestuosa bahía natural en el litoral central del país, poco más debajo de la línea equinoccial. La enmarca un paisaje de antiguas mesetas bajas, cortadas por profundas grietas aluviales que a su vez formaron a lo largo de los siglos pequeños ríos de cauce temporal.
El Clima es predominantemente seco y agradable, barrido por vientos moderados que soplan en dirección al mar. No hay aquí cuatro estaciones, sino dos, determinadas por las lluvias, que se hacen presentes entre Diciembre y Marzo. En esta temporada aumentan la temperatura del mar y del ambiente, se incrementa la humedad y el sol castiga con fuerza, marcando un contraste con el resto del año, en que la nubosidad es casi permanente y el termómetro puede descender hasta los 18ª Celsius (64ª Fahrenheit)
Al apacible clima, ajeno a los altibajos bruscos, se suma el hecho de que Manta desconoce las grandes amenazas de la naturaleza. Pese a estar ubicada en pleno “cinturón de fuego del Pacífico” la sismicidad es baja, no hay volcanes cercanos, no existe memoria de convulsiones marinas, inundaciones graves, deslizamiento, huracanes u otras calamidades. Por supuesto, se ignora por completo lo que es una gran helada o una nevazón paralizante. En suma, vivir en Manta es un privilegio porque no se requieren frazadas o gruesas ropas de abrigo: Casi todo el año se puede vestir con atuendos ligeros y livianos, lo que se expresa en el carácter de los habitantes, en su andar desenvuelto e informal.
En esta ventaja competitiva de un clima benigno y saludable estriba, tal vez, la circunstancia de que históricamente, muchos extranjeros en Manta, aportando al cosmopolitismo que ha sido de las características de la ciudad.
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